La Biblia Reina Valera

Hechos 7

Hechos

Indice

Capítulo 8

1


 

  Y SAULO consentía en su muerte. Y en aquel día se hizo una grande persecución en la iglesia que estaba en Jerusalem; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles.  

 

 


2


 

  Y llevaron á enterrar á Esteban varones piadosos, é hicieron gran llanto sobre él.  

 

 


3


 

  Entonces Saulo asolaba la iglesia, entrando por las casas: y trayendo hombres y mujeres, los entregaba en la cárcel.  

 

 


4


 

  Mas los que fueron esparcidos, iban por todas partes anunciando la palabra.  

 

 


5


 

  Entonces Felipe, descendiendo á la ciudad de Samaria, les predicaba á Cristo.  

 

 


6


 

  Y las gentes escuchaban atentamente unánimes las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía.  

 

 


7


 

  Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados:  

 

 


8


 

  Así que había gran gozo en aquella ciudad.  

 

 


9


 

  Y había un hombre llamado Simón, el cual había sido antes mágico en aquella ciudad, y había engañado la gente de Samaria, diciéndose ser algún grande:  

 

 


10


 

  Al cual oían todos atentamente desde al más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es la gran virtud de Dios.  

 

 


11


 

  Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas los había embelesado mucho tiempo.  

 

 


12


 

  Mas cuando creyeron á Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres.  

 

 


13


 

  El mismo Simón creyó también entonces, y bautizándose, se llegó á Felipe: y viendo los milagros y grandes maravillas que se hacían, estaba atónito.  

 

 


14


 

  Y los apóstoles que estaban en Jerusalem, habiendo oído que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron á Pedro y á Juan:  

 

 


15


 

  Los cuales venidos, oraron por ellos, para que recibiesen el Espíritu Santo;  

 

 


16


 

  (Porque aun no había descendido sobre ninguno de ellos, mas solamente eran bautizados en el nombre de Jesús.)  

 

 


17


 

  Entonces les impusieron las manos, y recibieron el Espíritu Santo.  

 

 


18


 

  Y como vió Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero,  

 

 


19


 

  Diciendo: Dadme también á mí esta potestad, que á cualquiera que pusiere las manos encima, reciba el Espíritu Santo.  

 

 


20


 

  Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, que piensas que el don de Dios se gane por dinero.  

 

 


21


 

  No tienes tú parte ni suerte en este negocio; porque tu corazón no es recto delante de Dios.  

 

 


22


 

  Arrepiéntete pues de esta tu maldad, y ruega á Dios, si quizás te será perdonado el pensamiento de tu corazón.  

 

 


23


 

  Porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás.  

 

 


24


 

  Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, que ninguna cosa de estas que habéis dicho, venga sobre mí.  

 

 


25


 

  Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron á Jerusalem, y en muchas tierras de los Samaritanos anunciaron el evangelio.  

 

 


26


 

  Empero el ángel de Señor habló á Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el mediodía, al camino que desciende de Jerusalem á Gaza, el cual es desierto.  

 

 


27


 

  Entonces él se levantó, y fué: y he aquí un Etiope, eunuco, gobernador de Candace, reina de los Etiopes, el cual era puesto sobre todos sus tesoros, y había venido á adorar á Jerusalem,  

 

 


28


 

  Se volvía sentado en su carro, y leyendo el profeta Isaías.  

 

 


29


 

  Y el Espíritu dijo á Felipe: Llégate, y júntate á este carro.  

 

 


30


 

  Y acudiendo Felipe, le oyó que leía el profeta Isaías, y dijo: Mas ¿entiendes lo que lees?  

 

 


31


 

  Y dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó á Felipe que subiese, y se sentase con él.  

 

 


32


 

  Y el lugar de la Escritura que leía, era éste: Como oveja á la muerte fué llevado; Y como cordero mudo delante del que le trasquila, Así no abrió su boca:  

 

 


33


 

  En su humillación su juicio fué quitado: Mas su generación, ¿quién la contará? Porque es quitada de la tierra su vida.  

 

 


34


 

  Y respondiendo el eunuco á Felipe, dijo: Ruégote ¿de quién el profeta dice esto? ¿de sí, ó de otro alguno?  

 

 


35


 

  Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús.  

 

 


36


 

  Y yendo por el camino, llegaron á cierta agua; y dijo el eunuco: He aquí agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?  

 

 


37


 

  Y Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.  

 

 


38


 

  Y mandó parar el carro: y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco; y bautizóle.  

 

 


39


 

  Y como subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató á Felipe; y no le vió más el eunuco, y se fué por su camino gozoso.  

 

 


40


 

  Felipe empero se halló en Azoto: y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó á Cesarea.  

 

 


Hechos 9

 

 

 

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