La Biblia Reina Valera

Lucas 18

Lucas

Indice

Capítulo 19

1


 

  Y HABIENDO entrado Jesús, iba pasando por Jericó;  

 

 


2


 

  Y he aquí un varón llamado Zaqueo, el cual era el principal de los publicanos, y era rico;  

 

 


3


 

  Y procuraba ver á Jesús quién fuese; mas no podía á causa de la multitud, porque era pequeño de estatura.  

 

 


4


 

  Y corriendo delante, subióse á un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí.  

 

 


5


 

  Y como vino á aquel lugar Jesús, mirando, le vió, y díjole: Zaqueo, date priesa, desciende, porque hoy es necesario que pose en tu casa.  

 

 


6


 

  Entonces él descendió apriesa, y le recibió gozoso.  

 

 


7


 

  Y viendo esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado á posar con un hombre pecador.  

 

 


8


 

  Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy á los pobres; y si en algo he defraudado á alguno, lo vuelvo con el cuatro tanto.  

 

 


9


 

  Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación á esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.  

 

 


10


 

  Porque el Hijo del hombre vino á buscar y á salvar lo que se había perdido.  

 

 


11


 

  Y oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalem, y porque pensaban que luego había de ser manifestado el reino de Dios.  

 

 


12


 

  Dijo pues: Un hombre noble partió á una provincia lejos, para tomar para sí un reino, y volver.  

 

 


13


 

  Mas llamados diez siervos suyos, les dió diez minas, y díjoles: Negociad entre tanto que vengo.  

 

 


14


 

  Empero sus ciudadanos le aborrecían, y enviaron tras de él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros.  

 

 


15


 

  Y aconteció, que vuelto él, habiendo tomado el reino, mandó llamar á sí á aquellos siervos á los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.  

 

 


16


 

  Y vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.  

 

 


17


 

  Y él le dice: Está bien, buen siervo; pues que en lo poco has sido fiel, tendrás potestad sobre diez ciudades.  

 

 


18


 

  Y vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha hecho cinco minas.  

 

 


19


 

  Y también á éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.  

 

 


20


 

  Y vino otro, diciendo: Señor, he aquí tu mina, la cual he tenido guardada en un pañizuelo:  

 

 


21


 

  Porque tuve miedo de ti, que eres hombre recio; tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.  

 

 


22


 

  Entonces él le dijo: Mal siervo, de tu boca te juzgo. Sabías que yo era hombre recio, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré;  

 

 


23


 

  ¿Por qué, no diste mi dinero al banco, y yo viniendo lo demandara con el logro?  

 

 


24


 

  Y dijo á los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas.  

 

 


25


 

  Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas.  

 

 


26


 

  Pues yo os digo que á cualquiera que tuviere, le será dado; mas al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.  

 

 


27


 

  Y también á aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y degolladlos delante de mí.  

 

 


28


 

  Y dicho esto, iba delante subiendo á Jerusalem.  

 

 


29


 

  Y aconteció, que llegando cerca de Bethfagé, y de Bethania, al monte que se llama de las Olivas, envió dos de sus discípulos,  

 

 


30


 

  Diciendo: Id á la aldea de enfrente; en la cual como entrareis, hallaréis un pollino atado, en el que ningún hombre se ha sentado jamás; desatadlo, y traedlo.  

 

 


31


 

  Y si alguien os preguntare, ¿por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo ha menester.  

 

 


32


 

  Y fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo.  

 

 


33


 

  Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?  

 

 


34


 

  Y ellos dijeron: Porque el Señor lo ha menester.  

 

 


35


 

  Y trajéronlo á Jesús; y habiéndo echado sus vestidos sobre el pollino, pusieron á Jesús encima.  

 

 


36


 

  Y yendo él tendían sus capas por el camino.  

 

 


37


 

  Y como llegasen ya cerca de la bajada del monte de las Olivas, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzaron á alabar á Dios á gran voz por todas las maravillas que habían visto,  

 

 


38


 

  Diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor: paz en el cielo, y gloria en lo altísimo!  

 

 


39


 

  Entonces algunos de los Fariseos de la compañía, le dijeron: Maestro, reprende á tus discípulos.  

 

 


40


 

  Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaren, las piedras clamarán.  

 

 


41


 

  Y como llegó cerca viendo la ciudad, lloró sobre ella,  

 

 


42


 

  Diciendo: ¡Oh si también tú conocieses, á lo menos en este tu día, lo que toca á tu paz! mas ahora está encubierto de tus ojos.  

 

 


43


 

  Porque vendrán días sobre ti, que tus enemigos te cercarán con baluarte, y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho,  

 

 


44


 

  Y te derribarán á tierra, y á tus hijos dentro de ti; y no dejarán sobre ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.  

 

 


45


 

  Y entrando en el templo, comenzó á echar fuera á todos los que vendían y compraban en él.  

 

 


46


 

  Diciéndoles: Escrito está: Mi casa, casa de oración es; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.  

 

 


47


 

  Y enseñaba cada día en el templo; mas los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los principales del pueblo procuraban matarle.  

 

 


48


 

  Y no hallaban qué hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole.  

 

 


Lucas 20

 

 

 

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