La Biblia Reina Valera

Mateo 4

Mateo

Indice

Capítulo 5

1


 

  Y VIENDO las gentes, subió al monte; y sentándose, se llegaron á él sus discípulos.  

 

 


2


 

  Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo:  

 

 


3


 

  Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos.  

 

 


4


 

  Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.  

 

 


5


 

  Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad.  

 

 


6


 

  Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos.  

 

 


7


 

  Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia.  

 

 


8


 

  Bienaventurados los de limpio corazón: porque ellos verán á Dios.  

 

 


9


 

  Bienaventurados los pacificadores: porque ellos serán llamados hijos de Dios.  

 

 


10


 

  Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia: porque de ellos es el reino de los cielos.  

 

 


11


 

  Bienaventurados sois cuando os vituperaren y os persiguieren, y dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo.  

 

 


12


 

  Gozaos y alegraos; porque vuestra merced es grande en los cielos: que así persiguieron á los profetas que fueron antes de vosotros.  

 

 


13


 

  Vosotros sois la sal de la tierra: y si la sal se desvaneciere ¿con qué será salada? no vale más para nada, sino para ser echada fuera y hollada de los hombres.  

 

 


14


 

  Vosotros sois la luz del mundo: una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.  

 

 


15


 

  Ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, mas sobre el candelero, y alumbra á todos los que están en casa.  

 

 


16


 

  Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos.  

 

 


17


 

  No penséis que he venido para abrogar la ley ó los profetas: no he venido para abrogar, sino á cumplir.  

 

 


18


 

  Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas.  

 

 


19


 

  De manera que cualquiera que infringiere uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare á los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos: mas cualquiera que hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos.  

 

 


20


 

  Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.  

 

 


21


 

  Oísteis que fué dicho á los antiguos: No matarás; mas cualquiera que matare, será culpado del juicio.  

 

 


22


 

  Mas yo os digo, que cualquiera que se enojare locamente con su hermano, será culpado del juicio; y cualquiera que dijere á su hermano, Raca, será culpado del concejo; y cualquiera que dijere, Fatuo, será culpado del infierno del fuego.  

 

 


23


 

  Por tanto, si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares de que tu hermano tiene algo contra ti,  

 

 


24


 

  Deja allí tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente.  

 

 


25


 

  Concíliate con tu adversario presto, entre tanto que estás con él en el camino; porque no acontezca que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al alguacil, y seas echado en prisión.  

 

 


26


 

  De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.  

 

 


27


 

  Oísteis que fué dicho: No adulterarás:  

 

 


28


 

  Mas yo os digo, que cualquiera que mira á una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.  

 

 


29


 

  Por tanto, si tu ojo derecho te fuere ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.  

 

 


30


 

  Y si tu mano derecha te fuere ocasión de caer, córtala, y échala de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.  

 

 


31


 

  También fué dicho: Cualquiera que repudiare á su mujer, déle carta de divorcio:  

 

 


32


 

  Mas yo os digo, que el que repudiare á su mujer, fuera de causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casare con la repudiada, comete adulterio.  

 

 


33


 

  Además habéis oído que fué dicho á los antiguos: No te perjurarás; mas pagarás al Señor tus juramentos.  

 

 


34


 

  Mas yo os digo: No juréis en ninguna manera: ni por el cielo, porque es el trono de Dios;  

 

 


35


 

  Ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalem, porque es la ciudad del gran Rey.  

 

 


36


 

  Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer un cabello blanco ó negro.  

 

 


37


 

  Mas sea vuestro hablar: Sí, sí; No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.  

 

 


38


 

  Oísteis que fué dicho á los antiguos: Ojo por ojo, y diente por diente.  

 

 


39


 

  Mas yo os digo: No resistáis al mal; antes á cualquiera que te hiriere en tu mejilla diestra, vuélvele también la otra;  

 

 


40


 

  Y al que quisiere ponerte á pleito y tomarte tu ropa, déjale también la capa;  

 

 


41


 

  Y á cualquiera que te cargare por una milla, ve con él dos.  

 

 


42


 

  Al que te pidiere, dale; y al que quisiere tomar de ti prestado, no se lo rehuses.  

 

 


43


 

  Oísteis que fué dicho: Amarás á tu prójimo, y aborrecerás á tu enemigo.  

 

 


44


 

  Mas yo os digo: Amad á vuestros enemigos, bendecid á los que os maldicen, haced bien á los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;  

 

 


45


 

  Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos é injustos.  

 

 


46


 

  Porque si amareis á los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿no hacen también lo mismo los publicanos?  

 

 


47


 

  Y si abrazareis á vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿no hacen también así los Gentiles?  

 

 


48


 

  Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.  

 

 


Mateo 6

 

 

 

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